Un atacante suicida detonó una bomba en el corazón del distrito histórico de Estambul el martes, matando a 10 extranjeros, la mayoría de ellos turistas alemanes. Quince personas resultaron heridas en este último de una serie de ataques perpetrados por extremistas islámicos contra occidentales.
La explosión se produjo a pocos pasos de la histórica Santa Sofía y de la Mezquita Azul, dirigida al sector turístico de Turquía.
El agresor ha sido descrito como un ciudadano sirio nacido en 1988. El viceprimer ministro turco, Numan Kurtulmus, ha dicho que se creía que el atacante había entrado en Turquía a través de Siria y no estaba entre una lista de posibles atacantes buscados por Turquía.
Este impacto afecta a la industria turística de Turquía, valorada en 30 millones de dólares, que ya ha sufrido una fuerte disminución de visitantes rusos desde que Turquía derribó un avión de combate ruso cerca de la frontera con Siria en noviembre de 2015.



